jueves, 9 de noviembre de 2017

Del puerperio y otros demonios

Cada vez que veo a una mujer con su recién nacido, se me vienen del recuerdo un montón de sensaciones y experiencias vividas: Veo al niño y me da alegría, ternura, recupero mágicamente la fe en la humanidad, se ve tan inocente, tan angelical, tan chiquito y con tantas necesidades... Y al mismo tiempo, veo a la madre, me fijo en ella y sin necesidad de intercambiar palabras, la noto desarmada, triste y feliz, lo se ¡No se entiende! Preocupada, cansada, vulnerable y fuerte. ¡Cúanta contradicción!.

Y me recuerdo, así, sin poses, a veces de pijama en pijama, removiendo todo lo que creí ser para volver a reconstruirme, más segura, más franca conmigo misma, más humana, menos, mucho menos perfecta y COMPLETA. 

Son casi nueve años desde mi primer puerperio y casi seis desde el segundo, y cuan intenso habrá sido que mis sentimientos están a flor de piel...

Y claro, cuando se tiene apoyo, hay más espacio para la reflexión, para el aprendizaje y el goce, este proceso lleno de luz pero también de sombras, fluye... 

Y aún así, el puerperio no deja de ser ese túnel oscuro que te lleva a un lugar donde finalmente te encuentras con tu humanidad, con esa esencia olvidada, con ese instinto casi borrado, sin corazas, solo tú y ese amor incondicional por tus crías y por la mujer nueva que eres ahora y también por la niña que fuiste antes.

Y no, no dura 40 días, dura el tiempo que tenga que durar y vale transitarlo... 

Con mucho amor para mi prima Marielena, a quien la recuerdo como mi niña linda a la que disfruté mucho y que en unas semanas se está convirtiendo en mamá. 

Aquí estamos, querida, búscanos cuando lo requieras, porque nosotras te vamos a arropar, a comprender y a acompañar, sin juzgar ni entrometernos, solo te vamos a cuidar.

martes, 19 de septiembre de 2017

Cumpliendo un sueño

(29 de julio de 2017)

Siempre me han llamado la atención los nevados, esas montañas majestuosas cubiertas de blanco, que además me transmiten paz. A la par, sentía que llegar a visitarlas, era solo para gente atlética y valiente.

Un día, sin embargo, como todo lo que me pasa desde que transito la maternidad, empecé a sentir la necesidad de comprobar que la montaña también es para mí, que si bien no voy a intentar llegar a la cima a la primera, no había razón alguna para no caminar por ella.

Y así, he ido al Chimborazo, donde no alcanzamos a topar la nieve, porque fui con los peques y a Savannah le cogió la altura. Luego, en mi cumpleaños No. 39 fui al Cotopaxi, los chiquis se quedaron con mi mami y yo llegué a la nieve acompañada de mi papi y de mi cuñado. Estuvo algo cansado, pero jugar a resbalar y echarme sobre la nieve, bien valió la pena.

Había escuchado de unos tours con Patricio Tisalema, averigüé porque quería ir al Antisana. En muchas ocasiones lo había visto, incluso había acampado por la zona. Es el volcán que más me gusta, así que el 29 de julio de 2017 me enfilé sola a cumplir este sueño. El tour de un día nos llevaba hasta los glaciares.

La primera parada fue en la Laguna de La Mica, Hace unos 20 años atrás aproximadamente había ido para allá, en las primeras acampadas con mis primos. Todo estaba diferente, habían las cabañas informativas del Ministerio del Ambiente y los guardias ya no dejaban pasar libremente como antes. Creo yo que todo esto se da, por la falta de concientización en la gente sobre la importancia de no cazar, no ensuciar, no destruir la naturaleza, etc…

Continuamos en el bus hasta dentro del área protegida (donde se puede ingresar únicamente si se tramitan los permisos correspondientes en el Ministerio del Ambiente con anterioridad), luego cambiamos a unas camionetas 4x4 que nos llevaron ‘a campo traviesa’ hasta llegar a la zona de acampar.

Mientras nos cambiábamos de auto, mi hermoso Antisana se dejó ver un ratito, ¡Qué lindo es! Le tomé algunas fotos, lo contemplé y sentí esa calma, esa paz propia de quien está en su centro y reconoce los magníficos momentos que la vida nos ofrece.

En la zona de camping, el grupo se dividió. Los montañistas que iban a coronar el volcán y los de la escuela de glaciar se quedaron armando el campamento, nos contaron que dormirían temprano porque a las 10 de la noche empezarían la travesía para llegar a la cima a las 6 am (WOW! ¡Algún rato!).

Nosotros, los del tour de un día empezamos la caminata, no es una caminata difícil, tal vez una parte de subida que se hace entre piedras y polvo, pero nada muy complicado, eso si hay que llevar obligadamente gafas y pufs por el viento y el polvo.

Fueron dos horas de camino hasta los glaciares, donde pude respirar la tranquilidad de la montaña, donde observé un par de llamas que nos miraban atentas desde las partes superiores… No había muchos animales pero sí esa flora típica de la sierra: almohadillas, frailejones, orquídeas, unas minúsculas y hermosas. La zona es más bien seca (a diferencia de Los Llanganates donde hay un complejo fluvial natural que hace que haya más diversidad de flora), pero justamente eso, es lo que hace muy interesante contemplar estos paisajes, por ejemplo, una orquídea lila que había crecido por un espacio pequeñito, rodeada de rocas inmensas, la fuerza de la Naturaleza…

Cuando íbamos llegando, vi con mucha tristeza como algunos instrumentos colocados para controlar el deshielo del Antisana, ya no tenían nieve… La nieve estaba mucho más arriba, justo, quien los había puesto, visitó la montaña a inicios de Julio y evidenció esta triste noticia:


Los humanos parecemos depredadores, no hay respeto entre nosotros, peor respeto por nuestra Naturaleza, por sus animales, su flora. Es una pena realmente… Vivimos en un mundo tan competitivo y agresivo, que nadie se detiene a pensar el daño que hace, el que consumamos tan indiscriminadamente…

A lo largo del camino, cuando ya se divisaban los glaciares, mi corazón se encogía de emoción. Le debía esta visita a mi amigo Antisana, desde hace tiempo. Me lo debía a mí misma y solo era cuestión de poner un poquito de fuerza de voluntad para organizarme e ir.

Mientras caminaba, dejaba que todos mis pensamientos fluyeran. Mis problemas se veían diminutos frente a tanta magia. A pesar que el oxígeno empieza a escasear, la tranquilidad y la limpieza del ambiente, hace que uno se sienta en el paraíso.

Al llegar a los glaciares, el guía nos advirtió que debíamos ir despacio, por el camino que él nos indicara, para no sufrir accidentes por posible rotura del hielo.

Tuve la oportunidad de ver una grieta super profunda. ¡Increíble! No pensé que a esa altura ya hubieran grietas… Cuando ya tomé confianza hice el angelito, me acosté a ver al cielo (con gafas por supuesto), tomé mil fotos!

Y cuando ya estaba cansada, hablé con la montaña, le agradecí por haberme permitido visitarla, le dije cuanto la admiraba y la respetaba. Y por supuesto, agradecí a Dios, por habernos regalado tantas maravillas, por permitirme cumplir sueños, por mis hijos maravillosos, por todo lo bueno que me ha pasado y por lo malo también, porque han sido enseñanzas que me han permitido y me permiten seguir creciendo.

Luego, el guía nos hizo abrazarnos y elevamos una oración a Dios, pero sobre todo nos dio un mensaje a nuestra conciencia, nos invitó a valorar y a cuidar nuestra Naturaleza, a respetarla, a admirarla. Fue muy emotivo también…


Al salir de los glaciares, paramos cerca de un riachuelo a comer algo y emprendimos el viaje de regreso. Cuando ya íbamos en las camionetas, pudimos contemplar montones de conejos salvajes y ver volar a muchos curiquingues. Luego, tomamos el bus de regreso a casa, de mi parte, muy contenta y satisfecha. Tanto, que esto es algo que quiero repetirlo J


lunes, 28 de agosto de 2017

Acampada en Maquipucuna

(5 y 6 de agosto de 2017)

Ante el pedido explícito de Ezequiel, que quería compartir un paseo de fin de semana juntos, con papá y mamá, ambos empezamos a ver alguna actividad que nos resultase bonita y fácil.

Ezequiel añora mucho nuestro viaje a Chile en Agosto de 2016, creo que eso (un paseo de los 4) les faltaba a estas vacaciones para ser las mejores, tiempo compartiendo papá, mamá y los chicos.

Menos mal Marco y yo estamos siempre dispuestos a lo que sea cuando nuestros chiquis lo requieran. Yo quería que fuese ese fin de semana porque el viernes siguiente saldríamos a la ruta del sol por 11 días y quería que los chicos fueran recargados de papi para que no lo extrañaran tanto.

Marco quería ir a acampar, yo acepté la idea siempre y cuando, no fuéramos a la Sierra, hemos visitado mucho la montaña, así que quería un clima más abrigado. Por eso nos decantamos por Maquipucuna (https://www.maquipucuna.org/), una reserva cerca de Nanegal, donde hay un clima cálido y no muchos mosquitos.



Compramos comida para preparar, alistamos sleepings y carpa, y nos fuimos!

Nos costó encontrar la entrada a Sta. Marianita, es un camino lastrado. Finalmente llegamos, en este lugar hay un hotel, un restaurante y la zona para acampar que queda alejada, a la cual un señor nos permitió ingresar con el auto. J

En cuanto llegamos, los chicos y papá se pusieron a armar la carpa y los sleepings, mientras yo prendía el carbón para hacer la comida. Savannah y Ezequiel pusieron la mesa (un mantel) en el césped para hacer su famoso “picnic”.

Comimos, descansamos un rato y nos encaminamos hacia una cascada que había cerca. Como hacía calor, los enanos ya se mojaron en la primera acequia que encontraron en la carretera. Cuando nos disponíamos a subir por el sendero a la cascada, Eze se puso mimoso y me tocó llevarlo a upa, ya pesa mi flaco!

Llegamos y se mojaron por los riachuelos, yo me metí en la cascada, fría, fuerte, dura. Dejé que el chorro cayera sobre mi espalda ¡Qué rico! Los chicos no se animaron, papá tampoco. Él estaba de fotógrafo designado, los enanos se subieron a un tronco, estaban muy felices, les encanta el agua!

Regresamos a Maquipucuna y para nuestra suerte, en los baños centrales, había duchas con agua caliente! Nos bañamos los 3 y fuimos a la carpa, ya tocaba preparar los fideos con atún y mayonesa, que les había ofrecido para la cena :´)

Cenamos y nos acomodamos para dormir, era la primera vez que acampábamos sin gorros ni guantes ni colchas ni ropa térmica! Conversamos y escuchamos música hasta que nos venció el sueño. Bueno, no sin antes, atender los requerimientos de pipis de los enanos J

La noche fue bastante buena, aunque los años no pasan en vano. Ya no es imperceptible el hecho de dormir en el suelo. J Un poco de frío al amanecer pero nada que un sleeping no pudiera solucionarlo. Nos levantamos tempranito, los enanos empezaron a hacer videos con mi celular mientras cantaban y papá dormía un poco más.

Comieron sánduches de jamón con queso y jugos, el clima fue abrigándose, así que teníamos que salir ya de la carpa. Nos vestimos, desayunamos los que faltábamos y nos vestimos.

Ese día fuimos a caminar por los senderos de la reserva. Son senderos auto guiados que te llevan al río o a lugares donde hay osos de anteojos entre otros. Caminamos hasta donde encontramos uno, y aunque no encontramos ni el río ni los osos de anteojos, pudimos maravillarnos con unas libélulas lilas preciosas que volaban sobre nosotros. Escuchamos muchos pajaritos, verlos no es tarea fácil cuando tus hijos no pueden mantenerse en silencio J. Observamos una infinidad de mariposas de hermosas formas y colores, había una que era de color blanco y negro por arriba y roja por abajo que atrajo mucho mi atención y la de Eze.

En un lugar del sendero había tierra fangosa y como decidí ir con zapatillas me pegué una buena caída, que no dolió pero me dejó bastante enlodada…

Al salir del sendero, le preguntamos a una chica, voluntaria del lugar, si podíamos bañarnos en el río (por seguridad sobre todo) y nos dijo que claro, así que otra vez, mamá y los niños nos metimos al agua. Jugamos a salpicar agua y mojarnos, en un momento mi Savannah se fue hacia un lugar donde había piedras y la corriente estaba más fuerte! ¡Qué susto! ¡Me lancé a lo MacGyver y aunque ambas nos golpeamos las rodillas, no pasó nada grave.

Papá se adelantó a guardar la carpa mientras nosotros seguimos jugando un poco más en el río, en una zona más seca y luego subimos a cambiarnos y a alistarnos para el regreso.

Logramos que el auto no se golpeara al salir por una parte del camino empedrado y salimos para Quito muy contentos y satisfechos. Llegamos temprano a Quito y fuimos a comer hamburguesas, nuestras preferidas, las de Rusty.


Un conjunto de momentos simples que nos llenan el alma, sobre todo a nuestros dos chiquis que disfrutan siempre de sus papás. Como les dijimos en su momento, ellos siempre que lo pidan o nos necesiten, nos tendrán a ambos. Porque lo valen y porque los amamos muchísimo.

lunes, 31 de julio de 2017

Viaje a Los Llanganates

(22 y 23 de julio de 2017)

Ángel, el hijo de la prima de mi mami, nos había comentado sobre un lugar mágico cerca de Píllaro. Cuando nos contaba lo que había visto, se le notaba una emoción al recordar ese lugar.

Mi papi que es de poco pedir, me dijo mientras regresábamos ese día, que ojalá podamos ir a conocer Los Llanganates. Eso fue por mayo.

Yo, que no espero mucho a que me inviten a visitar mi amado país, en especial los sitios llenos de Naturaleza, me puse a investigar en el Internet y encontré la página del Ministerio del Ambiente que explica bastante bien lo que se puede observar si se visita este parque nacional.

Así que en cuanto hubo una oportunidad (a veces es difícil coincidir agendas J) organicé nuestra escapada. Eso sí, no hice reservas para pasar la noche como siempre suelo hacerlo, no tenía muy claro cerca de donde íbamos a estar, así que no quise ponerme ninguna camisa de fuerza.

Averigüé que el Parque Nacional Los Llanganates tiene 3 entradas, la que enseguida me llamó la atención fue la que permite acceder al complejo de Lagunas (Pisayambo, Yanucocha, Tambococha), en la otra se puede acceder a senderos más secos que permiten la observación de fauna como los osos de anteojos, pero por experiencias pasadas, sé que eso no es tarea fácil, especialmente cuando vas con niños que lo último que quieren y pueden es hacer silencio. Además Ezequiel ama mojarse, ama pisar cochas. Sabía que le iba a gustar.

Al preparar la maleta, como siempre que me voy a la Sierra, sin importar en qué mes ni en que estación estamos, empaqué ropa de montaña (no llevé guantes y sí que nos hizo falta).

Después de tres horas llegamos a la entrada del Parque y como me encantan las fotos con el letrero de ingreso, les pedí a los viajeros que se bajaran, quienes no resistieron el frío ni medio segundo, así que fue la parada para abrigarnos.

Lo lindo de este paseo es que el recorrido se lo hace con el auto y se van realizando paradas en los diversos parajes.

El primer paraje era un pequeño riachuelo de agua cristalina, me bajé con Ezequiel, amante de los “charcos” quien no se arriesgó a saltar libremente puesto que la tierra era algo fangosa, así que la madre tuvo que meter primero el pie en esa agua helada para que el tomara confianza. Era la primera parada y mi Eze ya requería cambio de zapatos :’) Mi padre me miraba atónito y desconcertado. Nosotros en cambio, estábamos felices, porque no es solo ver la Naturaleza, es tocarla, olerla, sentirla, aunque eso implique frío o mojarse.

Seguimos el camino y en la siguiente parada nos bajamos todos a caminar un poco por el páramo, encontramos las manzanitas (esas frutas diminutas) que comía mi mami de pequeña y se las dimos a probar a Eze y a Savannah. Una foto por aquí, otra por allá y a seguir… Y vimos caballos salvajes a lo lejos.

Llegamos a la Laguna de Pisayambo, qué grande es! Nunca había estado en un sitio tan ventoso, el viento venía horizontal, era imposible abrir los ojos si no se portaba gafas o lentes. Sin embargo, Eze se dio modos y estuvo un rato fuera del carro con mami. A Savannah le estaba afectando la altura y el frío, luego de un rato salió a ver la laguna, ella ya no se maravilla tan fácilmente como su hermano. Aunque todavía no puede resistirse a la maravillas de los paisajes naturales.

Bajamos al Embalse de Pisayambo, el agua que se contiene aquí, llega a la Represa del Agoyán. La puerta estaba cerrada y mientras yo llamaba al guardia para que nos dejara pasar, Ezequiel ya había empujado la puerta y esta se abrió de par en par. Así que aprovechando que estábamos con mi padre, que es amante de las obras ingenieriles, fuimos hasta allá. Ellos, Eze y mi papi se pasaron otra puerta que también estaba con candado y pasaron un puente por un costado. Savannah y yo los seguimos, y empezamos a caminar hasta más allá de la mitad del camino, mientras el viento nos azotaba. Mi papi y Savannah se adelantaron y regresaron al auto. Yo me quedé contemplando la alegría que le provoca a mi niño el saltar charcos, nueve charcos que los contó un par de veces, de lo fuerte que saltó, se mojó hasta la cara. Que felicidad la de mi niño, es de las cosas más placenteras que le gusta hacer.
Ya cuando se cansó regresamos al auto, la ropa impermeable estaba estilando y el segundo par de zapatos también. Lo cambié de ropa y con mucho miedo saqué el último par de zapatos que le había traído :’)

Seguimos el camino y encontramos a la laguna más hermosa que mis ojos han visto: Tambococha, rodeada de flora entre amarilla, ocre y un sinfín de tonos verdes, tranquila, apacible, en su estado puro. Una belleza que se encuentra casi al final del camino asfaltado. Había una casita humilde por ahí, lo primero que pensé es en lo afortunada que era esa familia de vivir ahí y poder contemplar semejante paisaje todos los días. Tomamos fotos y lo llevé a upa a Eze para que esta vez, solo maravillara su sentido de la vista y ya no se me mojará una vez más. El aceptó, ya estaba cansado J



Emprendimos el regreso y llegamos luego de una perdida a Ambato, comimos en un patio de foodtrucks, una novelería para mis padres y para mis hijos en partes iguales! En ese momento revisé el whatsapp y me encontré con la lamentable noticia sobre el fallecimiento de Vero, una profe de la escuela de mis niños, en un penoso accidente… Esas noticias tan duras chocan de tal manera que haces que revalúes con más fuerza si cabe, lo que haces y persigues en la vida… No pude dejar de pensar en I. su hija, que con apenas 11 años quedó en la orfandad. Decidí no decírselo a los niños, Savannah es bastante amiga de la niña…

Regresamos a dormir en Rumipamba de las Rosas, esa hostería que también me recuerda a la mamá de mi cuñado, que ya no está tampoco entre nosotros y me puse más triste todavía… No puedo dejar de pensar en los seres más allegados cuando alguien parte… Especialmente en los hijos, quien creo yo, son los que más sufren…

Descansamos en una habitación de dos pisos, luego de que Savannah y Ezequiel jugaran y disfrutaran de la novelería de la chimenea y las gradas de madera, secundados por la abuela que les tomó mil fotos a los “modelos”.

Al día siguiente, quisieron caminar por la Hostería y yo aproveché para tomarles muchas fotos. Desayunamos y salimos para la Laguna del Quilotoa, los tres ya habíamos ido antes e incluso habíamos bajado, pero mis papis no la conocían y yo estaba en plan de mimar a todo el mundo.
Manejé por dos horas y media y llegamos, la laguna, hermosa como siempre, con ese color verde azulado que nos cautiva, nos recibió. Yo les había dicho que no bajaríamos pero que sí la bordearíamos al menos lo que nos dé una hora de caminata.

Aunque ninguno de los cuatro puso resistencia, la caminata resultó imposible, hacía un viento que teníamos que tener a los chicos de la mano porque parecía que se me los iría llevando. Así que cambiamos de planes, contemplamos la laguna desde el mirador de la parte superior, tomamos algunas fotos, comimos habas y choclos, mis papis tomaron chocolate ambateño caliente, mi mami hizo alguna comprita en la artesanía, fuimos al baño y emprendimos el regreso a Quito.

Qué decir, que me gusta viajar, me encanta. Y me gusta más si voy en compañía de un grupo como lo son mis hijos y mis padres, todos nos supimos “comportar”. Eze hizo un peque berrinche que pude manejar en el Quilotoa y lo demás solo fue camaradería y placer por conocer hermosos lugares J. A mi padre le gusta mucho la naturaleza, y creo que porque suele estresarse, no sale como debiera ahora que es jubilado. En fin, para eso estoy y además, es un gran placer poder llevarlos con nosotros, porque cuando él no va en su auto, se lo nota más distendido y relajado.

Eso sí, en cuanto finalice el verano 2017, tendré que sacar vacaciones, porque a paseo por semana, estoy muy cansada ya. Aunque, como decimos por acá: “Chulla vida”…


¡Así que seguimos!

miércoles, 19 de julio de 2017

Viaje a Baños con mis aventureros

(1 y 2 de julio de 2017)

El 30 de junio mis niños acabaron clases, el 3 se iban con papá a la playa 6 días! La primera vez que íbamos a estar lejos esa cantidad de tiempo. Así que lo utilizamos como pretexto para una escapada a Baños.

Baños de Agua Santa me trae muchísimos recuerdos, desde las escapadas en la juventud hasta las subidas desde el Pailón del Diablo con mi niño en el mei tai. Aventura, paz, naturaleza, locura, todo eso es Baños para mí. No había ido desde el 2015, y aunque me daba un poco de recelo manejar sola, me daba mucha más ilusión, iniciar las escapadas del verano de 2017 en ese hermoso lugar. Así que nos fuimos!

Llegamos temprano, porque me gusta madrugar, así que a las 9 de la mañana ya estuvimos rumbo a la “Casa del Árbol”, los tres estábamos intrigados con el columpio al vacío. Por lo visto, yo era la única que tenía miedo. Ellos se hicieron dos veces cada uno, y cuando ya nos disponíamos a salir, el señor me animó a que yo también lo hiciera. Savannah filmó un video chistosísimo, con gritos y todo J
La gente de mi Ecuador es muy hospitalaria, me comí un delicioso choclo con queso y me tomé un rico canelazo con poquitas puntas, porque estaba manejando. Al bajar por Runtun paramos en el mirador y contemplamos la bella ciudad desde la montaña. ¡Qué linda es por Dios!

Llegamos a la vía principal y fuimos vía al Puyo pasando por los túneles que tanto le gustan a Ezequiel, llegamos a Río Verde y los bandidos no quisieron bajarse, así que paré en la tarabita del "Manto de la Novia" y pasamos, cuando a medio camino frenó, yo me caí de rabo, los enanos matados de la risa con la caída de la mami :´)

Luego, regresamos al pueblo a retirar dinero del cajero. Qué lindo está, sus calles son bien pintorescas y con un estilo no muy ecuatoriano. Todo, cada vez más ordenado y limpio. Nos encantó.

Luego de dar una vuelta y ante la negativa de los enanos de que almorzáramos porque habían comido muchas cositas durante el viaje, nos enfilamos a la Hacienda Manteles, por la vía que sale del Puente San Francisco. Otra vez, unos hermosos paisajes de la ciudad desde la otra montaña. El camino es empinado y angosto pero bastante bueno, como para atravesarlo con un auto bajo como el nuestro. Había muchas plantaciones de tomate de árbol y babaco y las típicas vaquitas, caballos y gallinas en el camino. Ezequiel disfruta mucho más que Savannah de estas simplezas, yo también.

Luego de unos 45 minutos llegamos a la Hacienda Manteles y ufff… Qué lugar para precioso! Cálido, bien serrano, estaba frío y nublado, justo como a mí me gusta. Aunque esto implicara que no podríamos ver ni al Altar ni a la mama Tungurahua, pero que le íbamos a hacer…

La habitación era muy bonita, descansamos un poco y salimos a pasear por sus alrededores. Encontramos uno limonares y cosechamos unos cuantos. Había un árbol gigante a los que por supuesto mis niños se treparon, mientras yo me acostaba en el pasto y contemplaba el paisaje…
Me regalaron unas flores que recogieron del jardín, cuando ya nos disponíamos a entrar porque ya tenían hambre, Eze se cayó de  un tronco y se goleó la quijada, menos mal, a pesar del dolor, no se le abrió la piel…

Mientras abrían el restaurante, ellos correteaban por las salas de estar de la Hacienda, Eze se iba a “meditar y hacer yoga” cerca de la chimenea… Es todo un personaje J

Comieron bastante, me tocó pedir un plato adicional de pasta porque la primera no les alcanzó ni para la muela, qué gusto me da verlos comer así. Vimos un episodio de MLP y nos fuimos a la habitación. La novedad fue la chimenea de la habitación. No se acostaron hasta que acabaron con toda la provisión de leña que nos habían dejado J

Al día siguiente, Savannah y yo despertamos temprano, a Eze tuve que levantarlo porque debíamos desayunar, ir a la cabalgata a caballo y luego enfilarnos para el sendero a la cascada. Desayunamos bien y fuimos en caballo hasta el río, a mí me tocó un “espíritu libre” que tenía además mucha hambre, así que como buena mamá, decidí respetar su ritmo y esperar mientras comía en las mil y un paradas ;)

Los niños iban seguros y felices en sus caballos, además un señor de la hacienda nos acompañó y todo estuvo lindo, allí vimos lugareños amables y una vaquita de mezcla blanco negro y café muy simpática…

Luego, nos enfilamos a la cascada… Nos acompañó Luk, el perro de la hacienda, todo un aventurero, igual que mi Savannah, que a ratos se nos adelantaban porque Eze estaba “cansado”. Sin embargo, en cuanto él vio los charcos y los cruces por el riachuelo y la libertad para mojarse, se motivó bastante y disfrutó mucho el ascenso… Además, me pedía que le tome foto a cada mariposa que encontrábamos en el camino, no importaba que fuera del mismo color negro con café o que estuviera viva o muerta… Estaba encantado.

Llegamos a una parte donde se acabó el camino y había una pequeña cascada, yo estaba segura que no era la que buscábamos pero ellos ya no quisieron ir más arriba, Luc nos quedó viendo con cara de: “otra vez no llegué a la cascada” J Eze se empapó en el agua helada hasta la espalda! ¡Qué frío!
Bajamos y nos metimos los tres a la tina en agua calientita, oírlos conversar es todo un deleite, verlos como argumentan entre ellos, o fantasean, o hacen bromas, me encanta. Nunca falta por ahí alguna pelea, pero bueno todo eso es muy pero muy sobrellevable con mi par de aventureros.

Nos vestimos y debíamos ya hacer el checkout y salir para Quito, no sé cómo, pero tomé una ruta secundaria que nos llevó a Patate, que igual me encantó. Como los chicos iban entretenidos en la Tablet, aceleré el paso y no hice ninguna parada hasta Quito. Llegamos a las 3 de la tarde, una buena hora para que ellos pudieran descansar y acabar de hacer su maleta para la aventura Cojimíes que se les venía al día siguiente.

Me gusta escribirlo porque sé que cuando esté viejita y sin tan buena memoria, leer esto, me va a llenar mucho el alma y me va a hacer recordar lo hermosa y entrañable que fue la infancia de mis dos bichitos.

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Foto de Luk
(http://lifestylekiki.com/2017/05/25/hacienda-manteles-paisajes-colores-familiaridad/)

martes, 11 de julio de 2017

El quinto hermano



Estábamos ayer en el supermercado, y vienen corriendo los enanos hacia donde yo estaba con unos baberos azules.

Ezequiel: Mami, compremos estos baberos para cuando tengamos un hermanito!

Savannah: Si mami apura, queremos otro hermanito.

Mami: No mis amores, ya tengo dos hijos y dos gatos, con eso ya estoy lista!

Ezequiel: Es que a mi mami no le gustan los hijos!

Mami: Si me gustan mis hijos y se llaman Savannah y Ezequiel!

Savannah: Apura mami! apura!

Mami: Chuta mis amores, pero para eso primero debo conseguirme un novio, porque ahorita no tengo con quien encargar un bébe...

Los dos sacan los ojos! Se regresan a ver, asombradísimos! Casi en shock!

Savannah: Mejor adopta un perro!

jajajajajajajaja

martes, 20 de junio de 2017

!De la violencia interiorizada!

Estos días han sido nefastos para la niñez ecuatoriana... Un padre asesina a sus hijos para vengarse de su ex-mujer en Portoviejo.

Los 41 niños violentados sexualmente en la Academia Traversari no sólo que fueron revictimizados el día de ayer, si no que en un hecho asquerosamente político y patriarcal ni siquiera recibieron las disculpas públicas que un juez había dictaminado.

Mientras Lucas, #ElPrincipito, sigue esperando que la justicia le de audiencia y que haya un mínimo de independencia en este sistema que lo ha dejado desamparado y desprotegido, sale a la luz un caso de acoso sexual por parte de un profesor del mismo Colegio de Lucas, a una menor desde los 12 años (por dos años)... En este caso se armó el mismo sainete,  50 profesores testificando en contra de la estudiante,  40 alumnos testificando a favor del profesor...

Los mensajes que se reciben a través de las redes, además de lamentables son muy dolorosos, se visualiza tanta VIOLENCIA INTERIORIZADA,  que está ahí, en una olla de presión,  esperando a explotar para quien sabe, terminar asesinando a alguien.  Hombres que muy campantes y demostrando su "valentia" dicen abiertamente que ellos abrían matado a la mujer infiel, madres de familia de #LaCondamine defendiendo a la institución y a su profesorado, porque ahí sus hijos han aprendido francés y se están "preparando" para "la vida", para tener oportunidades, y con ello, atacando a las victimas, con campañas sucias y de descrédito a sus familias. ¿Acaso no saben lo que es el amor incondicional?

Estamos mal, estamos podridos, no nos queda nada de respeto por el prójimo, no sabemos que es solidaridad ni compasión. Vivimos de una manera tan inconciente que nos resbalan todos estos hechos, o nos quedamos en la posición cómoda del que juzga. Ojalá y no nos toque vivirlos en carne propia para recién ahí, empezar a actuar, a pedir cuentas, a repudiar y a destapar actos tan asquerosos cómo los infanticidios,  feminicidos, como la violencia sicológica, sexual y machista, que a diario y en escalada sufren niños, adolescentes y mujeres.

Y sí,  tenemos carreteras, pero la esposa del "ídolo" que las construyó, apoyó y defendió frontalmente a dos PEDOFILOS, se valió de su poder para influir diabólicamente el sistema judicial. Y el ex-presidente #RafaelCorrea ha sido un icono del machismo y de la misoginia, de la burla y del autoritarismo. En verdad ¿Ese es el país que queremos para nuestros hijos?  Yo, TIEMBLO y sí, tengo miedo.

#PazAdentroDesdeTuCentro